La tecnología cambia rápido. Pero la verdadera transformación ocurre cuando las personas la incorporan a su día a día.
En 2020, el mundo cambió de un momento a otro. La pandemia transformó la manera de trabajar, comprar, vender y relacionarnos. En Ultracem también tuvimos que adaptarnos. La distancia nos obligó a repensar una pregunta esencial: ¿cómo seguir estando cerca de nuestros clientes cuando la manera tradicional de atenderlos ya no era suficiente?
De esa necesidad nació Vanesa, nuestra asistente virtual de autogestión.
Lo que inicialmente fue una respuesta a una coyuntura extraordinaria comenzó rápidamente a convertirse en algo mucho más importante: una nueva forma de relacionarnos con nuestros clientes, facilitar sus procesos y poner la tecnología al servicio de su negocio.
Hoy, varios años después, el 98% de nuestros clientes utiliza Vanesa. Y ese dato representa para nosotros mucho más que adopción de una herramienta. Significa que una interacción que alguna vez fue completamente nueva logró integrarse a la cotidianidad de miles de clientes.
La transformación digital no consiste solamente en incorporar tecnología
El mundo empresarial está entrando en una nueva etapa. Según McKinsey, en 2025 el 88% de las organizaciones consultadas ya utilizaba inteligencia artificial en al menos una función de negocio. Sin embargo, cerca de dos tercios todavía se encontraban en etapas de experimentación o piloto y no habían conseguido escalarla a toda la organización.
La diferencia entre tener tecnología y transformarse a través de ella sigue siendo enorme.
En América Latina el desafío es incluso mayor. Investigaciones recientes de McKinsey estiman que la inteligencia artificial y otras tecnologías disponibles podrían automatizar técnicamente más de la mitad de las horas de trabajo actuales de la región y generar alrededor de US$450.000 millones de valor económico anual hacia 2030. Al mismo tiempo, la demanda de competencias relacionadas con IA se ha multiplicado once veces en apenas dos años.
No estamos, entonces, frente a una tendencia pasajera. Estamos ante una transformación profunda en la manera en que las empresas operan, toman decisiones y construyen relaciones con sus clientes.
Y nuestro sector también está entrando en esa conversación.
Una industria que comienza a construir su futuro digital
La construcción ha avanzado tradicionalmente a un ritmo distinto frente a otras industrias en materia de digitalización. Precisamente por eso, la oportunidad es enorme.
El State of Design & Make: Spotlight on Construction 2025 de Autodesk encontró que 67% de los líderes de la industria considera que el crecimiento futuro de sus compañías depende de las herramientas digitales y 68% cree que la inteligencia artificial mejorará el sector. Sin embargo, apenas 32% afirma estar cerca de alcanzar o haber alcanzado sus objetivos de incorporación de IA.
Esa distancia entre reconocer el potencial de la tecnología y lograr incorporarla efectivamente es uno de los grandes retos de los próximos años.
En Ultracem creemos que nuestra responsabilidad no es esperar a que esa transformación ocurra. Queremos acompañarla.
Y hacerlo significa entender algo fundamental: nuestros clientes no necesitan tecnología por la tecnología misma. Necesitan herramientas que les hagan la vida más sencilla, que reduzcan fricciones, les permitan acceder rápidamente a información y les ayuden a gestionar mejor sus negocios. Ahí es donde experiencias como Vanesa adquieren verdadero valor.
Vanesa también está cambiando
Hoy estrenamos una nueva imagen de Vanesa. Más humana, más cercana y mucho más alineada con lo que queremos que represente.
Pero su evolución no es solamente visual.
Así como nuestros clientes han aprendido a relacionarse digitalmente con Ultracem, nosotros también hemos aprendido de cada interacción. Entendemos mejor qué necesitan, cómo quieren comunicarse con nosotros y qué papel puede desempeñar la tecnología para ofrecerles una experiencia cada vez más sencilla, inmediata y personalizada.
La evolución de la inteligencia artificial abre posibilidades que hace algunos años parecían lejanas. En servicio al cliente, por ejemplo, la tecnología está avanzando desde sistemas capaces de responder consultas hacia modelos que pueden interpretar contexto, anticipar necesidades, apoyar decisiones y combinar automatización con intervención humana.
Primero fue una necesidad. Hoy es una convicción.
Vanesa nació porque las circunstancias nos obligaron a encontrar otra manera de estar presentes. Pero permaneció, evolucionó y fue adoptada porque nuestros clientes encontraron valor en ella.
Hoy, cuando el mundo discute sobre inteligencia artificial, automatización y nuevas experiencias digitales, esa historia nos deja un aprendizaje importante: la transformación tecnológica no comienza con la tecnología; comienza entendiendo qué problema queremos resolver para las personas.
Porque construir un mundo mejor también significa construir una manera mejor de conectarnos.
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